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martes, 15 de octubre de 2013

Tenerife: sol y nieve en mitad del Atlántico.




La isla de Tenerife recibe su nombre del viejo idioma idígena: montaña blanca, eso es lo que significa “Tenerife” en guanche.  Y la definición no puede ser más acertada porque si algo destaca por encima de cualquier otra cosa al llegar allí es la cumbre nevada de la montaña más alta, no del archipiélago de las Islas Canarias, sino de toda España con sus 3718 metros: el volcán Teide. Blanco por la nieve que acumula durante gran parte del año, aunque es verdad que dependiendo de la estación, o incluso del día, lo podremos encontrar perfectamente blanco, o sencillamente oculto por nubes o gases sulfurosos que nos recuerdan su actividad volcánica.

Parque Nacional del Teide (Tenerife)
Tenerife, o cualquiera de las otras islas que integran el archipiélago y Comunidad Autónoma de las Islas Canarias, es un perfecto destino para descubrir una de las caras más alegres, diferente y variada de la totalidad de España. Es además el verdadero nexo y puente de unión entre la herencia de la cultura y tradición de la España peninsular y las antiguas colonias, hoy naciones, hispanoamericanas. Estas islas fueron hasta tiempos no muy lejanos un punto importante y una parada obligatoria en las rutas entre el viejo y el nuevo continente, en cualquiera de las dos direcciones que se hiciese el viaje por mar. Por eso el acento de sus gentes, muchas palabras, o incluso algunas costumbres y fiestas nos llegarán a recordar el continente sudamericano. Y no olvidemos otra razón importantísima para conocer Tenerife: sus playas e infraestructuras turísticas están entre las mejores y más bonitas de España con el inmejorable aliciente de que durante todo el año; habéis leído bien, todo el año; la temperatura media de sus costas es de unos 20º a 22º. Pues ahí va la pregunta: ¿queréis bañaros y tomar el sol durante el otoño o el invierno?... Tenerife, Gran Canaria o Lanzarote son vuestro destino ideal.

Ideal porque a pesar de la distancia –unos 2000 kms–  que separa a las islas de Madrid, Tenerife cuenta con varios vuelos directos todos los días, durante todo el año, e incluso con dos aeropuertos. Esto se explica por su elevada población local que ronda el millón de habitantes repartidos en 2034 km2, pero sobre todo por el gran volumen de turismo que la visita durante todo el año, y más específicamente durante el invierno: más de siete millones al año entre todas las islas. Pensadlo bien, mientras en Europa y en la Península sufrimos los rigores del invierno, con lluvia, frío, nieve… en Tenerife la gente está en la playa, disfrutando del sol y del baño, o visitando el interior de la isla con ropa ligera, o incluso en pantalones cortos.


Llegar a Tenerife es por lo tanto sencillo, y a menudo bastante económico, sobre todo si elegimos compañías de bajo coste o “temporada baja” de turismo. Evidentemente podemos viajar a Tenerife en barco, principalmente desde Cádiz, pero esto sólo alarga el viaje, además de encarecerlo, y desde este blog tan sólo queremos animaros a conocer la isla durante un largo fin de semana. Desde el aeropuerto de Madrid Barajas disponemos de conexiones directas y diarias con Iberia, Air Europa o Ryanair. Y en unas dos horas y media estaremos en la isla. Fijaos bien al comprar el billete porque estas mismas compañías realizan vuelos no directos –con alguna escala– y evidentemente esto alargará el viaje, aunque también es verdad que por la misma razón en ocasiones lo abarata, cuestión que quizás merezca la pena sopesar. La otra razón importante para tener en cuenta todos los detalles del billete es que en Tenerife hay dos aeropuertos: Tenerife Norte Los Rodeos y Tenerife Sur Reina Sofía; y aunque en principio esto no es un gran problema porque el tamaño de la isla no implica desplazamientos muy grandes o incómodos, tal vez sea buena idea buscar la cercanía a vuestro hotel, o a la zona más turística por excelencia que es el sur. De cualquier modo, una vez en Tenerife, sus dos aeropuertos están perfectamente conectados entre sí con autobuses de línea regular que también circulan por la mayoría de las poblaciones costeras turísticas; y también es muy fácil contratar un servicio privado tipo shuttle, o coger un taxi para llegar a vuestro destino.

Vista del Macizo de Anaga.
¿Qué ver en Tenerife? No nos engañemos. La mayoría de la gente que visita esta isla, o cualquier otra del archipiélago canario suele buscar sol y playa y apenas conoce el interior. Y entonces vuestro destino será el sur de la isla, donde se concentran la mayoría de las infraestructuras hoteleras y turísticas, especialmente en las inmediaciones de las Playas de las Américas y los Cristianos. Pero ésta debe ser una decisión vuestra, porque en realidad toda la isla está repleta de hoteles, por supuesto incluida su capital Santa Cruz de Tenerife, y por lo tanto podréis elegir dónde dormir. Conviene saber, eso sí, que por la geografía de la isla, con el impresionante volcán en su centro que determina por completo la climatología, la mitad norte de la isla –donde está la capital– es más verde y lluviosa, y la mitad sur es más árida y soleada, aunque tranquilos, porque en ninguna parte de Tenerife pasaréis frio. La recomendación que queremos dar desde este blog es la de conocer la isla. No os limitéis a la costa. El interior de la isla es espectacularmente variado y hermoso: Tenerife es mucho más que sol y playa.


Tenerife, como el resto de las islas canarias, tiene un origen volcánico y un clima privilegiado por su situación geográfica. La conjunción de estos dos factores ha creado una isla que parece casi un pequeño continente por la variedad de paisajes, fauna y flora. Partimos de la base ya citada de que el sur es más árido que el norte, pero será una fantástica idea realizar alguna visita al corazón del territorio, y desde este blog os proponemos dos diferentes con un mismo denominador común: conocer la exquisita naturaleza de la isla. La primera de ellas es una visita a la Cordillera de Anaga, viaje fácilmente realizable en tanto que existen autobuses regulares específicamente pensados para aquellos que quieran practicar el senderismo, o simplemente caminar y disfrutar del montañoso norte de la isla. Diariamente salen autobuses desde la localidad de San Cristóbal de La Laguna, en las cercanías de Santa Cruz de Tenerife, lugar al que también se puede llegar con transporte público. La cordillera de Anaga está formada por varios picos volcánicos completamente cubiertos de una frondosa y variada vegetación por su ubicación en el extremo norte de la isla, que le confiere un clima más frío y húmedo. Aprovechad la gran cantidad de senderos señalizados para conocer su hermoso litoral rocoso, sus densos bosques, y no olvidéis subir al Pico del Inglés, visitar el Faro de Anaga en el extremo noreste, o conocer alguna de sus pequeñas y pintorescas aldeas, como puede ser el caso de Tagana.

Paisaje volcánico en el Parque Nacional del Teide.
Si en lugar de caminar entre variada y frondosa vegetación, preferís caminar por paisajes más áridos y desérticos, entonces vuestra excursión ha de ser al Parque Nacional del Teide, visita en realidad de carácter casi obligatorio para cualquier visitante de la isla. Situado en el centro de la isla, es desde el año 1954 uno de los Parques Nacionales más grandes de España, y uno de los más visitados. Al igual que en la cordillera de Anaga el territorio está lleno de senderos señalizados para las excursiones de los visitantes, pero que en este caso descubrirán el más que evidente pasado y presente volcánico de la isla y no tanto una impresionante vegetación. Mantos de ceniza, corrientes solidificadas de lava, y una impresionante variedad de materiales y minerales volcánicos de muy diferentes colores y texturas serán los compañeros de viaje, junto con una escasa pero bellísima flora en la que destaca especialmente el tajinaste rojo. Todo ello está principalmente repartido a lo largo de una depresión llamada Las Cañadas, de algo más de 16 kilómetros de longitud, y que tuvo su génesis hace unos tres millones de años durante una fuerte erupción volcánica. Sobra decir que en el centro de este lugar, se encuentra El Teide, el gigante blanco y principal volcán, secundado de otros muchos cráteres antiguos conocidos con el nombre de Pico Viejo (3134 metros, con un cráter de 800 metros de amplitud); la Montaña Blanca (2760 metros), o la Montaña Rajada (2509 metros). El volcán Teide todavía está activo, aunque su última erupción significativa tuvo lugar en el año 1798. Pero por la continua emisión de gases sulfurosos, y por la protección naturalística y científica con que cuenta, la visita a su caldera sólo se puede realizar con un permiso especial. No es el caso de los otros volcanes citados (extintos) y lugares de especial belleza, como el Llano de Ucanca, o los espectaculares Roques de García, y los muchos miradores que aunque también cuentan con lugares de acceso restringido, en general permiten una excursión mucho más accesible. El acceso al Parque Nacional del Teide se puede realizar con las líneas regulares de autobuses 348 y 342, y en el mismo parque existen dos centros de recepción de visitantes, abiertos todos los días del año (excepto el día de Navidad y el 1 de Enero), en el que se pueden conseguir todo tipo de informaciones y mapas para la visita, así como contratar rutas guiadas, o la posibilidad de visitar el Jardín Botánico o hacer uso del telesilla que nos subirá a tan sólo 200 metros de la cumbre del Teide.


Playa de Benijo (Macizo de Anaga)
Si definitivamente la naturaleza y los paisajes no son tu motivación, y lo que buscas es la playa, has de saber que Tenerife está repleta de ellas, y que ellas están repletas de turistas todo el año. Madruga si quieres coger un buen sitio, y elige alguna al sur de la isla si quieres bañarte en las mejores. Quizás las más famosas, y también por ello concurridas, son la Playa de las Américas y la Playa de los Cristianos. La una está junto a la otra, en el extremo sur, y en el lugar más edificado con hoteles e infraestructuras turísticas. Creedme si os digo que no será el lugar más bonito de la isla, pero sí el más cómodo o práctico si sólo buscamos sol, playa y diversión. Característica común de estas playas, y de muchas otras de Tenerife, es que la arena que las cubre a menudo no es la original, negra volcánica, sino fina y blanca, importada desde África. Más al sur todavía, en el verdadero extremo sur de la isla, y muy cercano al Aeropuerto de Tenerife Sur, se puede destacar la llamada “Costa del silencio”, mucho más tranquila y menos masificada que los anteriores lugares, y donde será fácil contratar una tabla de windsurf o lo necesario para cualquier otro deporte acuático, pues es uno de los mejores lugares de la isla por sus vientos perpetuos junto con la zona de El Médano, a escasos kilómetros, un poquito más al este, meca de surfistas que quieren aprovechar el cálido y continuo viento que llega desde las cercanas costas africanas.


Si vuestras inquietudes no están cubiertas con estas proposiciones, o bien por el contrario sois mucho más urbanos, evidentemente el lugar que debéis visitar es la actual capital de la isla: Santa Cruz de Tenerife. Situada al Noreste, la ciudad tomó el nombre de una cruz sagrada que hizo construir en una de sus playas el conquistador Alonso Fernández de Lugo en 1494, momento de su llegada. Hay que explicar que en aquel momento la ciudad prácticamente no existía, pues en realidad era una pequeña población de pescadores que surtía a la cercana población de San Cristóbal de la Laguna, más al centro de la isla, y antigua capital indígena. Pero el desarrollo y crecimiento de aquel pueblecito pesquero fue espectacular desde la conquista de la isla, y desde 1723 la ciudad es el centro administrativo de toda la isla tinerfeña. Su economía sigue estando todavía muy vinculada a su importante puerto, no sólo por su origen pesquero, sino también y sobre todo por su importancia estratégica para viajes trasatlánticos y su gran volumen de mercancías, tanto de importación (ninguna de las islas del archipiélago canario es autosuficiente), como de exportación, principalmente plátanos, hortalizas, y un variado número de frutas tropicales.

La ciudad de Santa Cruz de Tenerife está llena de rincones, calles, museos y tiendas que bien pueden merecer una visita. En el conjunto de la ciudad destaca su arquitectura colonial, mayoritariamente del siglo XIX, que le confiere una cierta unidad y sobre todo un carácter propio. Son edificios repartidos por su centro histórico, blancos, con uso de piedras volcánicas de variados colores y tonos para la decoración en jambas, esquinas, ventanas y torres, y con hermosísimos y elaborados balcones de madera. Aconsejamos callejear por este lugar sin olvidar visitar la Plaza de la Iglesia donde está el elegante  campanario de la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción. Visitad también la Plaza de la Candelaria que se abre a la Plaza de España, uno de los lugares más concurridos de toda la ciudad. Si buscáis compras, la calle del Castillo será vuestro paraíso. Se trata de un eje peatonal completamente repleto de tiendas de todo tipo: desde ropa y moda, hasta objetos y artículos de artesanía, o tiendas específicamente dedicadas a la electrónica.

Arquitectura canaria en San Cristobal de la Laguna.
Los museos y monumentos también abundan en Santa Cruz de Tenerife. Entre los primeros destacan en Museo de laNaturaleza y del Hombre, situado en un antiguo hospital militar de construcción neoclásica, que ha sabido adaptar sus instalaciones. En él hay gran cantidad de elementos interactivos y multimedia dedicados a explicar la génesis, flora y fauna de las islas, pero yo destacaría especialmente su colección de cerámicas, tallas africanas en madera, y por supuesto los restos de la cultura indígena guanche, con algunas momias como objetos más curiosos y destacados. Otro museo interesante puede ser el Museo de Bellas Artes. Lejos de pensar que por su periferia sería un lugar prescindible, hay que saber que el museo contiene una gran cantidad de obras, que en gran parte son préstamos nada menos que de El Museo del Prado de Madrid. Ello explica la presencia de artistas de primerísima línea como José de Ribera. Completan la colección una seleccionada muestra de arte moderno estrictamente canario, y una colección de monedas y armaduras.

Entre las posibles excursiones urbanas por el interior de la isla, quizás la más famosa y aconsejable sea la que tiene como destino la población de La Orotava. Su nombre proviene del antiguo origen indígena, del Reino de Taoro, pero su gran crecimiento tuvo lugar a lo largo del siglo XVI en el que se construyeron la mayoría de sus iglesias y edificios históricos, en su mayoría a través de la inmigración andaluza. Aún así se trata de una de las ciudades antiguas mejor conservadas, no de Tenerife, sino de todas las Canarias. Sus calles son estrechas, se adaptan al terreno, y su relativamente grande centro histórico está repleto de hermosísimas casas de estilo canario. Destaca la Iglesia de la Inmaculada Concepción, con una fachada barroca de aires hispanoamericanos, enmarcada entre sus dos pequeñas torres, y equilibrada y colorida por el uso de materiales volcánicos. Visitad alguna de las viejas mansiones, como por ejemplo la llamada Casa de los Balcones, o la Casa del Turista: sus patios interiores son espectaculares, y no dejéis pasar la ocasión de conocer alguno de sus ricos parques, especialmente el Jardín Victoria, ubicado en un agreste barranco.



Carnaval en Santa Cruz de Tenerife.
Como siempre remarco en este blog, estas ideas son sólo algunas de las más destacadas y habituales opciones y posibilidades que ofrece este destino. Es mucho, muchísimo, lo que se queda en el tintero, y son variadísimas las posibilidades que Tenerife ofrece. Planead un poco vuestro viaje y disfrutad de él. Tenerife es un destino exquisito para irse de viernes a domingo, en cualquier momento, y en cualquier época del año. Eso sí, convendrá saber, que como el resto de Canarias, pero quizás de manera más importante, una visita durante las fiestas de carnaval puede ser interesantísimo, y a la vez complicado. El carnaval canario es el más importante de toda España. También el más diferente y singular, el más sentido y querido, y dentro de Canarias el de Santa Cruz de Tenerife brilla con luz propia. Los precios se dispararán y también el número de visitantes. Si planeáis una visita en esta época planeadlo con tiempo o no encontraréis alojamiento con facilidad. Preparaos también para las continuas aglomeraciones. Recordad que estas fiestas no son fijas en el calendario, sino que se celebran todos los años entre 10 y 14 días antes del Miércoles de Ceniza. Estas fiestas están consideradas como las más importantes de Europa dentro de las celebraciones carnavalescas, sólo por detrás de las de Río de Janeiro y Nueva Orleans. Las fiestas fueron prohibidas durante el régimen dictatorial franquista, pero han vuelto con fuerza y para quedarse: desfiles callejeros, concursos de belleza y de drag Queens, bailes de máscaras… todo en un ambiente muy festivo, musical, muy complejo y elaborado.


Como en todas las entradas de este blog, tampoco quiero despedirme sin hablar un poco de la gastronomía tinerfeña. Los principales platos tradicionales de Tenerife están compartidos con el resto de las Islas Canarias. Es cierto que en las innumerables instalaciones turísticas se está imponiendo el buffet o la comida más europea, pero no tendréis que buscar demasiado para encontrar algunos platos, o algunos restaurantes que os permitan disfrutar de los pescados, las frutas tropicales, el arroz y la patata, que son los ingredientes más habituales de la comida canaria. Probad la Sopa de Pescado, el Puchero Canario, o el Rancho Canario: una combinación de carnes o pescados elaborados en sopas que suelen incluir verduras y legumbres, principalmente garbanzos. Quizás el plato estrella de estos tipos de sopas sea la Ropa Vieja, un guiso de carne con garbanzos, tomate, patata y cebollas. Probad las tapas canarias, y no olvidéis nunca la estrella de todas ellas, las Papas arrugás: patatas cocidas en agua de mar, acompañadas de mojos (salsas) verde y rojo. Como postres encontraréis la gran variedad de frutas propias, con el plátano a la cabeza, higos chumbos, piñas y papayas. Y para finalizar una buena comida, quizás la mejor idea es degustar alguno de las bebidas locales, como puede ser el ron, elaborado con la caña de azúcar local, y al que a menudo se le añade melaza para degustarlo sólo, bien fresquito.




Video promocional de la isla de Tenerife.






IYP

martes, 12 de abril de 2011

Lanzarote: la isla del fuego.

La isla canaria de Lanzarote es un paisaje increíble. Conocida popularmente como la isla del fuego, su sobrenombre explica su origen y sus formas. En una superficie de casi 845 km2 se reparten cerca de 300 picos volcánicos, estando la mayoría de la isla cubierta con lavas solidificadas de colores negros, rojos, marrones y ocres. Además, y como contrapunto, sus costas se reparten entre espectaculares acantilados volcánicos, y espectaculares playas, algunas incluso de fina arena, en ocasiones blanca, en ocasiones negra. Por estas razones, por el espectacular Parque Nacional de Timanfaya donde el fuego volcánico aún está vivo, por la omnipresente herencia del genial César Manrique, porque toda la isla fue declarada Reserva de la Biosfera en 1993, y por su magnífico clima que nos asegura sol y posibilidad de baño en cualquier época del año, Lanzarote es un destino ideal para un largo fin de semana.

La isla de Lanzarote es una de las que integran el archipiélago y Comunidad Autónoma de las Islas Canarias, situado a unos 1100 kms. al sur de la Península Ibérica. Lanzarote es una de las siete islas principales que conforman el territorio, y administrativamente es parte de la provincia de Gran Canaria. Es en concreto la isla situada más al norte y más al este de todas, razón por la cual, junto con Fuerteventura, es la más cercana a las costas del continente africano, que de hecho es visible durante gran parte del viaje en avión.

El nombre de Lanzarote proviene del navegante genovés Lancelotto Malocello, que en el año 1312 desembarcaba en ella y la reclamaba como posesión para la República Genovesa. Las islas Canarias eran conocidas desde la antigüedad romana, y ya Plinio el Viejo las nombra y describe en su Historia Natural. Pero sin embargo es en plena Edad Media cuando por primera vez entran de lleno en la historia universal como preámbulo de la fiebre de exploraciones que acabaría fructificando en el descubrimiento de América, hecho en el que precisamente las Islas Canarias jugaron un papel estratégico importantísimo para la navegación. Tras la conquista genovesa llegarían nuevos colonizadores, caso del español Martín Ruiz de Avendaño en 1377. Pero la fecha más recordada es 1402, momento en el que la isla volvía a ser reconquistada, en esta ocasión por el francés Jean de Béthencourt, y tras distintas tenencias y posesiones “de señorío” y “de vasallaje” –todas relacionadas con nobles españoles–, acabarían integrándose en el Reino de Castilla, ya en época de los Reyes Católicos.

La proximidad de Lanzarote a la costa africana propició desde ese mismo instante numerosos ataques de piratas argelinos y marroquíes, que en varias ocasiones destruyeron la principal ciudad y entonces capital de la isla; la población de Teguise. Durante los siglos XVI y XVII la isla también sufrió numerosos ataques de tropas militares inglesas y francesas; y en el siglo XVIII impresionantes erupciones volcánicas no sólo cambiaron el mapa y la fisionomía de la isla, sino que provocaron su práctica despoblación. Población que subsistió con una elemental y sencilla agricultura, y que sólo en el siglo XX se multiplicó hasta los actuales 141.437 habitantes, gracias al espectacular desarrollo de la industria turística que todavía hoy supone más del 80% de los ingresos de la isla. Pero gracias a este duro pasado, y a recientes planes de conservación y contención ante el boom urbanístico turístico; el resultado es que en la actualidad Lanzarote es; no sólo reserva de la Biosfera; sino un destino ideal para conocer un paisaje volcánico prácticamente virgen. Hoy, sus principales atractivos son los impresionantes y variados paisajes –a pesar de la poca vegetación–, las playas, sus habituales olas perfectas para el surf, el Parque Nacional de Timanfaya, y las curiosas obras arquitectónicas de César Manrique.


Llegar a nuestro destino sólo nos debe costar dos horas y media de viaje. Ese es el tiempo medio que utilizan los aviones desde el aeropuerto de Madrid Barajas al aeropuerto de Lanzarote. Y el precio puede ser bastante económico, ya que además de las compañías principales, también tienen gran presencia las low cost. Por supuesto, además del avión, existen conexiones con barco, con origen peninsular en Cádiz, y destino insular en la población de Arrecife, pero evidentemente, por tiempo, y porque tampoco son especialmente económicas, aquí no las aconsejamos. Tened en cuenta, además, que si bien en las islas canarias todo el año es ideal para visitarlas, fuera de las fechas de principal ocupación como verano, navidad, semana santa, o grandes puentes de festividad en toda España, el precio puede caer con facilidad a la mitad durante el resto del año. Y no sólo en el vuelo, sino también para el alojamiento.

En cuanto al alojamiento, las opciones de Lanzarote son múltiples, y todas las principales poblaciones costeras disponen de hoteles y hostales; y también muchas de las interiores. Sin embargo, por una cuestión práctica y cómoda, aquí vamos a aconsejar el núcleo turístico de Puerto del Carmen o el núcleo turístico de Costa Teguise. En ambos casos son grandísimas urbanizaciones costeras, asomadas directamente sobre fantásticas y largas playas de arena, y constituidas básicamente por instalaciones turísticas: hoteles, apartahoteles, apartamentos, restaurantes, tiendas de alimentación, negocios de ocio y turismo, tiendas de ropa y recuerdos, discotecas… de manera que todas las necesidades quedarán cubiertas. Además son lugares perfectamente conectados con el aeropuerto y con la capital de la isla –la población de Arrecife– a través de servicios regulares de autobús de la compañía Arrecifebus, que es la misma compañía que nos permitirá conocer el interior de la isla con sus más de treinta líneas y destinos. Por cierto es importantísimo saber, si vas a preguntar a un nativo, que en todas las islas canarias a los autobuses se les llama “guaguas”.


Una vez en Lanzarote, disfrutar de su sol y sus playas es casi una obligación. Pero para los más inquietos la isla ofrece innumerables opciones. La más inolvidable de todas es la del Parque Nacional de Timanfaya, fruto de las erupciones volcánicas que se sucedieron entre 1730 y 1736. Situado al noroeste de la isla, sus límites son casi un tercio del territorio total, y se compone por inmensos campos de lava solidificada que enterró pueblos enteros, pudiéndose apreciar numerosos picos volcánicos y cráteres. El acceso al parque es restringido, además hay que pagar, y tampoco se puede hacer senderismo u otras actividades por lo difícil y peligroso del terreno… pero sin lugar a dudas merece la pena una visita turística. En pleno corazón del parque, lugar al que tan sólo es posible llegar por una única carretera ya sea en taxi, autobús, o con alguna de las muchas excursiones que se organizan por las múltiples empresas turísticas de la isla –las encontraréis sin problema en Puerto del Carmen y Costa Teguise–, se encuentra ubicado el centro de recepción de visitantes. El ticket de entrada al parque da derecho a una visita en autobús con salida y llegada en este mismo lugar, y que durante varios kilómetros os adentrará por una rústica carretera construida sobre la lava solidificada. El paisaje es espectacular y variado: desde coladas de lava a desiertos de arena, desde campos de cenizas y escorias a cráteres volcánicos. Además, en el propio centro de recepción se puede disfrutar de uno de los elementos más espectaculares de todos: está construido sobre una caldera volcánica activa, y ello es evidente en el calor que emana el suelo que llega incluso a incendiar pequeños arbustos y elementos vegetales que el personal del parque arroja de manera controlada para demostrarlo. Del mismo modo, por algunas de las grietas del suelo se han instalado pequeñas tuberías, por las que se arroja agua que en sólo unos segundos es expulsada al exterior, vaporizada, como en un geiser natural. En este mismo lugar está emplazado un restaurante, cuyo asador utiliza esta energía para cocinar, sin necesidad de combustible alguno, e incluso se ha dispuesto una parrilla para uso público. Existe una segunda opción de visita por el interior del parque, que es sobre los lomos de un camello, en visitas organizadas, y que recorre partes más exteriores. El lugar de partida es el “echadero de los camellos”, cercano al centro de visitantes, donde además hay una exposición sobre la utilización de los camellos por los humanos.


Otra visita muy aconsejada en Lanzarote es conocer alguna de las muchas construcciones o intervenciones de César Manrique, un artista nacido en la isla, y fallecido en 1992. Pintor, escultor, arquitecto, restaurador… César Manrique nacía en 1919 en la localidad de Arrecife, y consagraba su vida a sus dos pasiones: el arte, y la isla de Lanzarote. En su vida artística profesional alcanzó gran éxito, llegando a exponer por toda Europa, Japón, o Estados Unidos, con un estilo creativo que lo acercó y comparó con otros genios de su época, como Miró o Picasso, artistas con los que mantuvo gran amistad y cercanía creativa. Sin embargo, su gran pasión fue la propia isla de Lanzarote, razón por la cual abandonó gran parte de su proyección artística y se dedicó a trabajar en ella. De hecho, gracias a su trabajo, su insistencia, y su influencia, la isla supo poner fin a la urbanización incontrolada que el turismo estaba provocando, y fruto de ello es la armonía existente todavía hoy entre el paisaje y la arquitectura respetuosa en todo el territorio interior. Máxima expresión de estas ideas son sus muchas intervenciones en el paisaje de Lanzarote, que son fantásticos destinos turísticos, y que bien merecen una visita a alguno de ellos.

Destaca la Fundación César Manrique, cuyo edificio es la vieja casa del artista. El lugar, situado en Taro de Tahiche donde podremos llegar en autobús urbano, no sólo contiene obras del artista, sino también de Picasso, Dalí, Miró, Tapies, Chillida…, pero por encima de todo destaca por esa especial relación entre el arte y la naturaleza, o lo que es lo mismo, entre el hombre y la tierra, que el artista supo plasmar. La casa de la fundación está perfectamente integrada en el paisaje volcánico en que se construyó. Mitad construida, mitad excavada en la lava, se compone de unos espacios principales de amplísimos ventanales, y por un conjunto de cinco burbujas volcánicas, subterráneas, en las que se han instalado distintas estancias comunicadas por pasillos excavados, e incluso un jardín con piscina. El resultado es difícil de describir, con el contraste entre la lava y roca negra, y la construcción blanca, y la asimetría y la belleza del conjunto. Se trata quizás de la intervención más espectacular del artista.

Pero toda la isla de Lanzarote está sembrada de otras intervenciones de César Manrique. Entre las más conocidas y espectaculares destacamos, además de la propia fundación, Los Jameos del Agua, en la población costera de Orzola, en el extremo norte de la isla. En unas cuevas naturales formadas por los movimientos de la lava, el artista intervino creando distintos espacios para el ocio. Así, en el interior del subsuelo existe un restaurante, y también un gigantesco auditorio perfectamente preparado para actuaciones o conciertos, y famoso por su genial acústica. Destaca además un pequeño lago interior, que es afectado por las mareas naturales, y un gran estanque artificial rodeado por flores y plantas tropicales en el exterior.

Otra obra renombrada es el Mirador del Río, también en el extremo norte de la isla, en la costa que se asoma a la vecina isla de La Graciosa. En este caso se trataba de un viejo polvorín militar que se había construido durante la guerra con Cuba (1898) con carácter preventivo. En 1973 César Manrique lo reconvertía en un espectacular espacio con vistas al acantilado y la isla cercana. Como la mayoría de sus obras combinan el blanco de sus actuaciones con la roca negra original del lugar.

Todavía existen más obras muy populares del artista. Así, en la población de Guatiza, en el noreste, se encuentra el Jardín de Cactus, construido en los últimos años de vida de César Manrique. En este caso se intervino en una enorme cantera de extracción de ceniza volcánica que se usaba como fertilizante, y que había generado un gran agujero en el suelo de la isla. Manrique diseñó el espacio para albergar en él un espectacular y variado jardín botánico con cientos de especies de distintos cactus, tan habituales en el paisaje de Lanzarote. Y todavía son obras de César Manrique las instalaciones y el Restaurante del Parque Nacional de Timanfaya, y muchas otras pequeñas intervenciones repartidas por toda la superficie de la isla.


Otro interesante aspecto de la isla es conocer sus distintos y variados paisajes, que cambian continuamente. Así por ejemplo, en la zona norte destaca el ya citado Mirador del Río, donde tanto las vistas hacia el mar y el gran acantilado, como las vistas del interior son espectaculares. Ubicado en una elevación, el acceso se puede realizar con alguna de las visitas turísticas organizadas, pero también con autobús público que nos dejará en la cercanísima población de Yé, desde la que tan sólo tendremos que caminar durante unos 15 o 20 minutos, disfrutando del paisaje. No es necesario entrar en el mirador propiamente dicho para disfrutar del espectáculo, que se reparte con varios cráteres volcánicos, campos de cultivo de tierra negra –cenizas volcánicas–, y acantilados con todo tipo de tonos marrones, negros y rojos en sus rocas. Además es un excepcional lugar para contemplar la puesta de sol.

En la zona centro de la isla, mucho más árida todavía, destacan especialmente dos lugares. Uno de ellos es la población de Teguise –no confundir con Costa Teguise–, que enclavada en el centro montañoso fue la vieja capital de la isla. Destaca por su tranquilidad, por sus grandes campos de cultivo tan poco habituales en el resto de la isla, por su viejo castillo enrocado en un peñasco, y por su arquitectura tradicional que se ha conservado perfectamente al no haberse convertido en un centro turístico. Llegar a Teguise es fácil con transporte público, pues es una de las grandes poblaciones de la isla. Y precisamente por esta población se ha de pasar para visitar la playa más famosa de Lanzarote, y que aquí también recomendamos: la Caleta de Famara. –existe un autobús directo desde Costa Teguise–. Se trata de una hermosísima playa de 3 kilómetros de extensión, a los pies de unos impresionantes acantilados con más de 600 metros de caída, formados durante la última de las erupciones volcánicas de la isla, en 1824. Los fuertes vientos habituales en esta costa oeste han propiciado la creación de dunas de arena, y es también un lugar ideal para la práctica de todo tipo de deportes derivados del surf. En su conjunto ha sido declarado Parque Natural, y por esa razón, la vieja urbanización turística ya no ha crecido más. Famara es hoy una de las metas de los surfistas españoles, y de numerosos pintores y artistas que buscan aquí un retiro tranquilo, naturaleza y descanso.


Todavía en el centro de la isla, pero en la costa este, está la actual capital de Lanzarote, la población de Arrecife, justo entre los dos grandes polos de turismo: Costa Teguise a su norte, y Puerto del Carmen a su sur. La población, por su capitalidad, ha perdido el interés paisajístico o parte del carácter isleño del resto de poblaciones, mucho más interesantes como la propia Teguise, o Yaiza –en el sur–. Pero sin embargo conserva un viejo puerto pesquero, conocido popularmente como el Charco de San Ginés, construido en una bocana interior que se abre al mar tan sólo por una pequeña abertura, y que generalmente está repleto de pequeñísimas embarcaciones pesqueras. Es un lugar ideal para visitar, y tomar un aperitivo o una bebida en alguno de los varios locales, bares y restaurantes que están situados a su alrededor. Además, a escasos metros está la calle León y Castillo, que es el principal eje comercial del centro histórico, y se asoma al mar, justo en la prolongación donde se encuentra uno de los dos castillos que protegían la ciudad.

Más al sur de la isla, en las inmediaciones de la población de Uga, y justo rozando con los límites del Parque Natural de Timanfaya, se esconden otros dos tesoros naturales de Lanzarote. El primero de ellos es el valle de La Geria, principal foco de producción vinícola de la isla. Los viñedos están situados en una tierra de cenizas negras, que ha sido adecuada para estas plantaciones a través de la creación de hoyos para las vides, y la construcción de pequeños muros semicirculares que tienen dos funciones: por un lado retirar las grandes piedras y cenizas que impedían el cultivo, y por otro frenar los vientos para que no afecten y quemen a la planta, pero para que además les aporten y faciliten la obtención de agua –humedad– a través de condensación natural durante las noches. El paisaje resultante, de más de 10.000 agujeros con otras tantas plantas parece realmente extraterrestre. Por cierto, el vino que aquí se cultiva es de la variedad malvasía –dulce–, y es especialmente famoso. En el extremo septentrional del valle está situada la bodega El Grifo, en cuyas instalaciones se encuentra el Museo del vino de Lanzarote, en unas bodegas que datan ya de 1775, y muestran al visitante el proceso actual de fabricación, pero también las viejas maquinarias, métodos y lugares de almacenamiento de la bebida.

El otro lugar de interesante paisaje está situado en la costa suroeste, en las inmediaciones de la población de El Golfo. Hasta este lugar llegaron las coladas de lava y cenizas de las erupciones de Timanfaya, y han creado unos acantilados espectaculares de roca negra que contrasta con la profundidad de la costa en este punto. Ese contraste, y ese choque entre lava y agua con las habituales olas, genera una gran cantidad de espuma en el agua marina, razón por la cual se ha bautizado popularmente al lugar como los “hervideros”. Además de este lugar, justo al lado de la pequeñísima y pintoresca aldea de pescadores de El Golfo, se encuentra el Lago Verde, una pequeña laguna creada por un volcán subterráneo, y cuyo color de agua responde a las algas marinas que abundan en el agua. Está situado en plena playa, y a la vez oculto contra un acantilado, con lo que se genera un paisaje especialmente rico en colores y contrastes, y de un resultado hermosísimo.

Estos son sólo algunos de los muchos destinos que la isla de Lanzarote reserva para los turistas más inquietos. La isla es hoy uno de los destinos preferidos para el turismo de los países escandinavos, Alemania, las Islas Británicas, Rusia o Dinamarca; y de hecho el aeropuerto de Lanzarote fue en 2010 el quinto en número de pasajeros de todo el país, tan sólo por detrás de los de Madrid, Barcelona, Mallorca, y Málaga, dato que explica clarísimamente el interés de la isla. Sin embargo, es una realidad notable el hecho de que la inmensa mayoría de los visitantes a penas se adentran a conocer el territorio, y se limitan a disfrutar del sol y la playa. Desde aquí os animamos a hacer las dos cosas, y a disfrutar también de la gastronomía canaria. Es evidente que una isla tan pequeña, y con tan pocos recursos agrícolas, la base alimenticia está volcada al mar. Por la gran industria turística se puede encontrar absolutamente de todo en Lanzarote, pero entre los platos tradicionales destacan algunas preparaciones de pescado, como los churros –pescado rebozado–, la Morena frita, o el Sancocho. Casi todos los platos se acompañan con papas arrugás, que es una variedad local de pequeñas patatas cocidas y servidas con mojos o salsas, picantes y dulces. Entre las carnes, la más popular es la de cabra, y destacan los quesos hechos con la leche de este animal, que son de un sabor fuerte e intenso. Lugar especial en la gastronomía canaria tienen los postres y las frutas tropicales. Aprovechad pues, para comer higos chumbos, papayas, y por supuesto dátiles y plátanos de Canarias, más pequeños y dulces que la banana americana. Entre los postres dulces, destacan el Gofio de Almendras, las Raspaduras hechas a base de almendras, leche y azúcar; el Frangollo, y el Bienmesabe. Lugar especial entre las bebidas tienen los vinos de malvasía de Lanzarote, y el Ron, especialmente el “ron miel”, que se hace añadiendo melaza o miel de abejas a la bebida destilada.


Cualquier época del año es excepcional para visitar Lanzarote –y cualquiera de las otras islas del archipiélago canario–. Tan sólo conviene saber que, en líneas generales, desde aproximadamente Abril o Mayo, y hasta Septiembre, la ocupación turística es muy elevada. Ocupación que también se nota durante Navidad, Semana Santa y durante las fiestas de Carnaval, que son las más populares de todas las Islas Canarias. Durante el invierno, y otoño la visita está igualmente aconsejada, pues la temperatura media estará entorno a los 16-18º de temperatura, que en verano se elevará a los 24-26º. Apenas llueve, y el sol está garantizado. La temperatura del agua puede invitar al baño casi en cualquier época del año, aunque en invierno los vientos del Atlántico pueden ser un serio inconveniente, especialmente en las costas del Oeste. La única cuestión climática imprevisible es la calima, que es la llegada de arena en suspensión desde los desiertos africanos, y que además de reducir notablemente la visibilidad, puede ser incluso molesta y perjudicial para los ojos; aunque este es un fenómeno que se repite con muy poca frecuencia.



Vídeo de promoción turística de Lanzarote.



I.Y.P.